PROCESO HISTÓRICO

El proceso de creación de la Universidad de los Pueblos del Sur (UNISUR) en el Estado de Guerrero tiene una historia aproximadamente de 20 años atrás, cuando un grupo de académicos y profesores bilingües de la montaña guerrerense comenzaron a generar espacios de discusión y análisis sobre la situación educativa en la región y la entidad. A partir de esos espacios comenzaron a articularse reuniones con diversas organizaciones y comunidades indígenas, lo que derivó en la realización de numerosas asambleas comunitarias, foros regionales, tres congresos estatales y diversos eventos académicos de reflexión sobre el tema del rezago educativo y la necesidad de espacios de formación docente con un perfil adecuado a las circunstancias y realidad del estado.

Para dar cumplimiento a los acuerdos resultados de ese proceso, se nombró una Comisión Académica que elaboró el Estudio de Factibilidad del modelo institucional y académico que daría origen a una nueva institución de educación superior, dado que el balance generalizado de los distintos foros enfatizaba la necesidad de creación de una institución con un perfil distinto a las instituciones ya existentes en el estado. Dicho Estudio se realizó siguiendo los lineamientos de la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe. También se creó una comisión interinstitucional conformada por el Gobierno del Estado, la CDI, la UAGro, la UPN y UAM-X, encargada no sólo de dar vida y sentido al proyecto, también de gestionar con el gobierno estatal y federal su creación.

No obstante el proceso interinstitucional, la consulta a los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, al final, la Secretara de Educación de Guerrero planteó la creación de una institución con características diferentes a la diseñada por la Comisión Interinstitucional: la Universidad Intercultural del Estado de Guerrero, conocida como “la Ciénega”. Ante ello, los miembros de las comunidades indígenas, reunidos en el Tercer Congreso de Educación Intercultural, acordaron como resolutivo central aprobar la creación de la UNISUR con el respaldo de los pueblos originarios, no sin antes acordar buscar el reconocimiento oficial de la UNISUR. Desde entonces a la fecha se ha buscado dicho objetivo. Así, hace casi once años la UNISUR abrió sus puertas en tres comunidades del estado de Guerrero, Santa Cruz el Rincón en Malinaltepec, Xochistlahuaca y Cuajinicuilapa, con el objetivo de generar espacios educativos para atender a los jóvenes indígenas y afromexicanos que por razones de pobreza y lejanía de los tradicionales centros urbanos donde se concentra la educación superior, han sido excluidos.

Así, la UNISUR comenzó a operar con el apoyo de las comunidades y de un grupo de profesores que de manera solidaria han aportado sus conocimientos y su tiempo a construir, fortalecer y mantener con vida el proyecto por más de diez años. Pero con el mandato comunitario de buscar el reconocimiento oficial de la institución como una forma de hacer valer el derecho a la educación que ha sido negado a los pueblos indígenas desde la llegada de los conquistadores hace más de cinco siglos.

Contrario a la apuesta del gobierno estatal, para que el proyecto terminara desmoronándose por inanición y pese a la campaña mediática para desprestigiar la labor académica en las sedes, UNISUR creció. Pronto autoridades de distintas comunidades se acercaron a nosotros para solicitar la apertura de sedes en otras partes de la geografía guerrerense, particularmente en zonas donde había un trabajo político de organización y resistencia importante, como el caso de la región Nahua del Alto Balsas que habían resistido al megaproyecto hidroeléctrico en los noventa; como en la zona rural de Acapulco que resisten todavía a otro megaproyecto hidroeléctrico conocido como La Parota; el caso del municipio de Ayutla donde en el 2013 se dio una insurrección cívica para sacar al crimen organizado que reinaba a sus anchas con la complacencia del gobierno municipal; o el caso del municipio de Metlatónoc en la montaña alta, considerado como el municipio más pobre del país durante largo tiempo. Estas sedes se sumaron a las ya existentes y que tenían su base social en la experiencia del municipio autónomo de Xochistlahuaca frente al cacicazgo priísta que había mantenido el poder municipal por años de la mano de Aceadeth Rocha; la experiencia de la Policía Comunitaria que tuvo su origen en Santa Cruz el Rincón en 1995 y la experiencia organizativa del pueblo afromexicano por su reconocimiento constitucional. Además de un sin número de solicitudes en regiones como la Costa Grande, Tierra Caliente e incluso en otras entidades que veían en el modelo pedagógico UNISUR, un modelo acorde a las necesidades de los pueblos originarios del país. Así, comenzaron a llegar compañeros de otros lugares del país e incluso del extranjero, para conocer nuestra universidad, colaborar e incluso formarse con nosotros para echar a andar proyectos similares en sus lugares de origen. Al desprestigio estatal resultado de la campaña mediática del gobierno de Zeferino, creció paralelamente el prestigio de UNISUR en otras latitudes, donde se nos reconocía la importancia y pertinencia, pero sobre todo la calidad educativa, particularmente en un contexto internacional donde el colonialismo y sus repercusiones en lo político, cultural y epistémico, estaban siendo fuertemente cuestionados.

Pese a la cerrazón gubernamental, y en el marco de la controvertida elección que recientemente en el 2006 había arrebatado a través de un fraude el triunfo a Andrés Manuel López Obrador, un grupo de intelectuales cercanos a éste, arroparon a la UNISUR en el marco de la resistencia al fraude electoral que dio origen al llamado Gobierno Legítimo. Esta cercanía nos hizo abrigar la esperanza que de resolverse la elección por la vía jurídica abierta por el candidato de izquierda, la situación de nuestra institución alcanzaría también una solución favorable. Lamentablemente, tanto el gobierno usurpador como las instituciones encargadas de velar por los derechos electorales hicieron lo posible por mantener el resultado oficial. Así, la posibilidad de obtener el reconocimiento se esfumó del horizonte cercano.

A pesar de ello, la UNISUR continuó trabajando con todas las limitaciones que su no reconocimiento oficial implicó: ausencia de una planta docente estable, carencia de equipamiento en las aulas, imposibilidad de otorgar becas a los estudiantes o incluso alimentación en los periodos presenciales, falta de aulas e instalaciones adecuadas para el desarrollo de las labores docentes y sobre todo, reconocimiento oficial de los estudios. No obstante, la riqueza del proyecto se expresaba de otras formas: la cercanía con las comunidades y sus autoridades, la estrecha relación con los procesos organizativos en la entidad, el compromiso de los estudiantes con el proyecto político educativo de la universidad, la solidaridad no sólo de los profesores al apoyar académicamente y sin retribución a la formación de los estudiantes, sino de una nutrida red de apoyo a nivel nacional conformada por intelectuales, artistas, instituciones de educación superior nacionales e internacionales, reporteros, organizaciones no gubernamentales que apoyaron el proyecto desde sus trincheras y de acuerdo a sus posibilidades.

De esta red de apoyos resultaron diversos eventos académicos nacionales e internacionales donde UNISUR figuró no solo como una institución convocante, también como principal institución organizadora. En gran medida, UNISUR se mantuvo con una importante presencia mientras el contexto que le diera origen no tuvo grandes cambios. Pero esa situación y la inercia que había dado origen al proyecto educativo comenzaron a cambiar a partir del 2008. Primero, con la grave crisis internacional que impactó la economía nacional en todos los sectores, y que devolvió una gran cantidad de migrantes mexicanos que trabajaban en los Estados Unidos que habían perdido su empleo debido a la recesión. Paralelamente, la ola de violencia que desató el gobierno de Calderón desde el momento en que asumió la presidencia en 2006, tocó regiones en Guerrero que anteriormente se habían mantenido lejanas de esta situación. Así, la violencia estructural que de por sí ya sufría la entidad se agravó al ahondarse la precariedad económica, política y la violencia criminal. Situación que no sólo se mantuvo, sino que se agravó con la llegada de Enrique Peña Nieto.

A partir de este proceso en todo el país, pero particularmente en Guerrero comenzó a darse un reflujo en la organización social que se dejó sentir de manera clara a partir de 2010. UNISUR como otras organizaciones en la entidad fueron impactadas por este contexto global al grado que comenzaron a experimentar procesos internos de crisis que derivaron en fractura, rupturas o desarticulaciones que debilitaron la fuerza organizativa y permitieron que los gobiernos cooptaran a algunos líderes o bien que dividiera a algunas organizaciones con la inyección de recursos y el reparto de prebendas. En UNISUR, la crisis se expresó en un vaciamiento gradual de las aulas principalmente por el empuje de la necesidad de muchos de nuestros estudiantes por resolver la dimensión material no solo personal, también familiar. De igual manera la creciente violencia empujó a que tanto estudiantes como profesores se replantearan su permanencia en el proyecto, incluso obligó a tomar decisiones como tener que cerrar algunas sedes por cuestiones de seguridad. Finalmente la crisis al interior de la institución se expresó en una fuerte ruptura y consecuente salida de un grupo que se había beneficiado de controlar la administración de los escasos recursos con que se contaba y que había intentado hacerse del poder de la UNISUR.

Pese a la merma en sus filas y la reducción del proyecto a su mínima expresión, se continuó trabajando en las sedes y comunidades donde aún se mantenían las condiciones para ello. Gracias al compromiso de estudiantes y profesores, no sólo con la institución, sino sobre todo con los pueblos originarios se mantuvo el trabajo y la cercanía con algunos procesos particularmente en municipios como Cuajinicuilapa, José Joaquín Herrera y Ayutla.

UNISUR es heredera de una larga tradición de lucha en el estado de Guerrero. De lucha contra los poderes caciquiles de derecha, pero tristemente también contra los cacicazgos de izquierda que han hecho tanto o más daño aún que los primeros. De esa tradición de lucha en la que convergen un gran número de vertientes que se pierden en la lejanía del tiempo y de la  historia, algunas de ellas transfirieron su experiencia de manera directa al proyecto UNISUR, como el caso de los compañeros que procedían de la lucha por la defensa de los territorios del Alto Balsas en contra del Proyecto Hidroeléctrico San Juan Tetelcingo y que se aglutinaron en torno al Concejo de Pueblos Nahuas del Alto Balsas (CPNAB); los compañeros que en ese entonces formaban parte del aún existente Consejo Guerrerense 500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular (CG500ARINP), expresión estatal de la campaña continental que los pueblos originarios de toda América orquestaron para hacer patente la resistencia que los ha mantenido con vida por más de 500 años pese a las políticas de exterminio y asimilación que los gobiernos liberales han emprendido para borrar la huella de estos pueblos ancestrales; también la experiencia de la organización eclesiástica representada en la figura del Padre Mario y el trabajo que desde la diócesis de Tlapa se había hecho en toda la región de la montaña promoviendo la organización social contra la pobreza y la violencia; la experiencia de los compañeros que provenían de la larga lucha magisterial en contra de del sindicalismo charro y antidemocrático que en la entidad se expresó en la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG); la experiencia de la organización indígena a través de los compañeros que entonces habían fundado la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias mejor conocida como la Policía Comunitaria (CRAC-PC) y que ya entonces eran un referente de la lucha indígena por la autonomía al igual que el EZLN; de igual manera aquellos compañeros que formaban o habían formado parte en la fundación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) después del fraude que impuso a Carlos Salinas de Gortari en contra de la voluntad popular que había favorecido la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas a la presidencia en 1988; también de aquellos compañeros venidos de otros procesos  y otras experiencias organizativas y de lucha.

Pero la UNISUR también es heredera de otros procesos de más larga data y que aún se hacen presentes a través de la tradición oral, de los mitos y de la memoria resguardada a veces en viejas fotos, papeles amarillentos y comidos por los comejenes, otras veces en muros ruinosos que recordaban eventos y nombres que hasta hoy mantienen su vigencia y forman parte de la larga lucha por la libertad que el pueblo de Guerrero ha dado desde siempre. Es decir, aquellos que participamos en UNISUR, somos herederos y representantes de esa larga tradición de lucha en Guerrero y en el país no sólo por la educación, sino por algo de más largo alcance y de mayor profundidad, la transformación de la sociedad a través de la educación. Pero sobre todo, UNISUR es resultado de los más de 500 años de historia de olvido, exclusión, intentos de asimilación e integración que han sufrido los pueblos originarios en el continente, pero particularmente en la entidad. La UNISUR es la respuesta que el proyecto de blanqueamiento, occidentalización y desvalorización que los distintos gobiernos han emprendido en contra de los pueblos originarios por siglos. La importancia del proyecto radica en la honda huella que ha marcado en este corto tiempo en la entidad, en el referente que representa

¿Quiénes integran la UNISUR?

El 12 de octubre de 2007 la Universidad de los Pueblos del Sur dio inicio a su primer año académico en tres de las cinco sedes detectadas por el Estudio de Factibilidad: Santa Cruz el Rincón, Xochistlahuaca y Cuajinicuilapa. El 5 de septiembre de 2008 dio inicio el segundo año académico con el ingreso de la segunda generación en las sedes existentes y, de acuerdo con lo establecido en el Estudio de Factibilidad, la apertura de la cuarta sede en la comunidad de Xalitla, en la región del Alto Balsas. Así mismo, en 2010 se apertura la Unidad Académica de Hueycantenango, municipio de José Joaquín Herrera; con lo cual se cumplió con lo estipulado en el Estudio de Factibilidad. Posteriormente, para 2012, por demanda de miembros de la UPOEG y de otras instancias de organización de los miembros de las comunidades se abrieron las Unidades Académicas de Ayutla, en la comunidad de El Mesón, y la Unidad Académica de Metlatónoc, en la cabecera municipal del mismo nombre.

Estructura de gobierno

La estructura de gobierno de la UNISUR cuenta con tres órganos colegiados de gobierno: el Consejo Intercultural, el Patronato y el Colegio Académico. Es en el Consejo Intercultural donde están representados las autoridades tradicionales de los cinco pueblos originarios. El Patronato se encarga de resguardar, administrar y acrecentar el patrimonio de la institución; y el Colegio Académico es el encargado de desarrollar los planes y programas académicos.

Modelo pedagógico

El modelo pedagógico de la UNISUR se basa en el sistema modular; organizado por trimestres y pedagógicamente corresponde al método transdisciplinar e intercultural. En esta metodología no se pone atención únicamente a la impartición de contenidos disciplinares, sino que se generan espacios de trabajo para la construcción de conocimiento. Para ello el problema de investigación de cada estudiante es el que articula su proceso de aprendizaje durante todas las etapas de formación. Las cuatro licenciaturas que imparte la universidad aprobadas por los Órganos de Gobierno son Desarrollo Comunitario Sustentable, Gobierno de Municipios y Territorios, Historia, Lengua y Memoria y Justicia y Derechos Humanos. El objetivo de estos programas educativos es que los estudiantes desarrollen su proceso formativo en su propio contexto comunitario o regional buscando que, como egresados, estén preparados para ejercer en esos mismos espacios, para promover procesos de desarrollo local.

Las licenciaturas se dividen en dos etapas académicas: el tronco común y la etapa de profesionalización. La primera etapa consta de cuatro módulos (trimestres) La etapa de profesionalización consta de ocho módulos que organizan el trabajo de especialización académica en cada uno de los campos problemáticos de cada licenciatura. De esta manera, las licenciaturas contemplan un total de 12 módulos (cuatro años).

Funciones sustantivas universitarias

La UNISUR es una institución de educación superior que se dedica a la docencia, la investigación, el servicio y la difusión y que tiene como misión formar a los profesionales e intelectuales indígenas, afromexicanos y mestizos, con un profundo compromiso comunitario, partiendo desde la óptica de su propia cultura y cosmovisión del mundo, que coadyuven a un desarrollo integral y sustentable de sus comunidades.

Por ello, además del trabajo docente, la universidad en estos primeros años académicos ha desarrollado funciones tanto de servicio a la comunidad, como de vinculación y difusión, así como de investigación. Estas actividades han sido desarrolladas tanto por miembros del Colegio Académico y el Consejo Intercultural, como por los estudiantes, los cuales se están involucrando en los procesos. A continuación un resumen de los mismos:

En cuanto a las relaciones institucionales, son varias las universidades que están apoyando el proceso de nacimiento y consolidación de la UNISUR. La Universidad Autónoma de la Ciudad de México y la Universidad Autónoma Chapingo han firmado convenios de colaboración con la UNISUR, y se está en conversaciones con el Programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural e Intercultural de la UNAM para la formalización de otro. La UNISUR pertenece además a la Red de Universidades Indígenas, Interculturales y Comunitarias del Abya Yala y es miembro de la Red de Mexicana de Estudios de los Movimientos Sociales.

El trabajo de la UNISUR en la región, se va mostrando como un referente necesario Este intenso proceso formativo, empieza a mostrar frutos en el desarrollo de nuestros estudiantes, que empiezan a posicionarse en sus comunidades como agentes interesados en rescatar el conocimiento y la memoria histórica de los pueblos; pero también por su espíritu crítico y reflexivo. Actualmente se han formado dos generaciones de estudiantes.